Yo también estoy indignado.
Me he dado cuenta de todas las concesiones que hago día a día, concesiones por la paz, por el amor, pero también por la vergüenza, por el miedo, por la comodidad, por la dejadez y, las que más me duelen, las que son por complacer, por conseguir (o intentarlo) el aprecio de los demás, el reconocimiento...
Es muy fácil responder con indignación ante las decepciones causadas por los demás, por los allegados, por los políticos, por la pareja, por la vida...