Cada día al abrir los ojos podríamos constatar este hecho, sucesos, cosas, movimientos, etc. Muy probablemente, en gran medida, así lo hacemos, aunque nos demos cuenta de ello en una porción muy pequeña, multitud de distracciones interfieren con los hechos y crean jerarquías de cosas importantes, frente a otras que van ocupando lugares inferiores en nuestras preferencias.
Este proceso de organización está definido inicialmente por factores de importancia para el mantenimiento de la vida (la homeostasis o auto-regulación del organismo), la actividad social y la orientación en el campo de estímulos en el que se encuentra. La belleza de una puesta de sol, queda pospuesta si en ese momento urge vaciar la vejiga de las bebidas ingeridas un rato antes, cuando el calor apretaba y beber fue más importante que atender una importante conferencia, pero, eso sí excusando nuestra ausencia con una amable frase y una gran sonrisa...
Pero, ¿cuantas veces a lo largo del día esas interferencias no son debidas a estos factores de conservación? Lo más frecuente es encontrarnos con elementos que distraen nuestra atención de los hechos y que son producidos en nuestra imaginación. La jerarquía ahora, no es que es más importante para sobrevivir o para mantener la vida social, sino todo tipo de ideas que parece que nos arrastren, haciéndonos vivir en un mundo virtual, un “parloteo” constante en el que una o varias voces dialogan, amenazan, avergüenzan, avisan, vigilan, etc.
En estas condiciones el mundo en el que vivimos sufre una fisura, hay un “mundo real”, una serie de cosas y circunstancias “objetivas” y el mundo de cada cual, en el que las interpretaciones sobre lo que nos llega de los sentidos, no sólo sufren el sesgo lógico del punto de vista distinto, sino que son, a menudo, diametralmente distintas por los pensamientos, prejuicios y añadidos variados que hacemos a la experiencia.
¿Y, mientras tanto, que pasa con la Vida?
La satisfacción de esta manera de vivir es muy relativa, ¿somos felices pensando tanto, organizando tanto, previendo tanto, repasando tanto?, ¿preocupándonos de lo que no ha sucedido, culpándonos de los "errores" pasados, de lo que deberíamos haber hecho...?
La satisfacción es el resultado de una culminación en el proceso de hacer contacto con algún elemento de nuestro entorno, requiere de una percepción despierta, de una capacidad para sentir y para emocionarse, de una disposición abierta y la entrega a aquello que está pasando.
¿Como estar satisfecho si no sabes lo que quieres, si no puedes sentir el vacío, o la ausencia, o la rabia, o la tristeza, o el amor, o la ternura? ¿Cómo estar satisfecho si crees que no puedes o que no mereces esto o aquello, si piensas que los demás o las circunstancias te impiden acceder a lo que quieres? ¿Como estar satisfecho si no sientes que ya tienes lo que necesitas y sigues buscando...?
Es imposible sentir la alegría del discurrir de la Vida, el goce sereno de vivir, la satisfacción del logro o el reto del fracaso, si vivimos con la preocupación, la tensión, el desasosiego, o la angustia. Es inevitable que la Vida nos depare experiencias agradables y desagradables, pero instalarse en un estado permanente de tristeza o ansiedad, de miedo o de rencor; es una ilusión alimentada por nuestra mente, un modo de aislarnos de la realidad, de crear la fisura.
(Articulo completo publicado en la revista de la AETG 2011)


